martes, 13 de enero de 2009

Comentario: El hijo del viento

19131

Acabo de terminar la lectura de esta novela de Hening Mankell (no sé por qué, en alemán la llamaron “El antílope rojo” en vez del título original; supongo que la traducción española se titulará “El hijo del viento”). Este hacendoso escritor sueco es muy conocido por sus novelas criminales (especialmente la serie de Wallander), pero también ha escrito una serie de novelas ambientadas en África (él vive la mitad del año en este continente). Esta relata el viaje de Hans Bengler, un tipo mediocre y fracasado y pichón de entomólogo (“Bengel” en alemán significa algo así como pilluelo, granuja, no sé si en sueco también), hacia África con la intención de descubrir un insecto para ponerle su nombre. La acción tiene lugar en la década de 1870. Después de una serie de peripecias que casi le cuestan la vida (que le permiten a Mankell criticar la pobreza y el clasismo europeos, el eurocentrismo y la despiadada colonización de África del sur que llevaron a cabo alemanes, ingleses y holandeses), se encuentra con un chico huérfano de unos 10 años, se apiada de él y toma la decisión nada meditada de regresar con él a Suecia. Después de un viaje lleno de inconvenientes, el pobre chico (Molo es su nombre, pero esto no parece importarle a nadie, su padre adoptivo lo bautiza como Daniel – aquí se le vuelve a ver el plumero a Mankell, pues el chico se pasa el libro interpretando sus propios sueños) tiene que soportar el previsible sin fin de incomodidades que implica ser negro en Suecia a finales del s. XIX, como ser observado cual insecto de la colección del padre adoptivo, oír a presuntos sabios discutir si se trata de un animal o un ser humano, ser exhibido en ferias ambulantes y o recibir las dudosas atenciones de un cura bienintencionado que pretende civilizarlo. El chico decide entonces que aprenderá a caminar sobre el agua para regresar a su hogar, y averigua que un tal Jesús era capaz de hacerlo… La novela se plantea como una curiosa road-movie por la que trascurren campesinos ignorantes, brutales colonizadores, marineros, científicos, artistas, una bella periodista, locos, un desperado y hasta el mismísimo rey de Suecia. Ninguno de ellos puede o siquiera hace un esfuerzo por entender al chico. Aunque el tema sin duda da para mucho y hay momentos entretenidos (qué piensa un nativo del desierto de Kalahari al ver la nieve, por ejemplo) y se basa en una historia real, para mí la novela no funciona. Un chico solo en un mundo cruel que no entiende, que añora volver a sentir la arena del desierto bajo sus pies descalzos, resulta triste y conmovedor, pero falla el aspecto narrativo. Mientras que la primera parte está escrita desde el punto de vista de Bengler y tiene consistencia, de repente cambia el narrador, ahora vemos el mundo a través de los ojos del joven Molo, y no resulta bien, un sueco adulto del s. XX intentando experimentar el mundo decimonónico desde la perspectiva de un niño bosquimano. Todo el tiempo se piensa: Ah, aquí está Mankell criticando o cuestionando tal o cual aspecto de la realidad europea. Además, el chico primero no habla sueco, luego de repente lo habla casi a la perfección, para después volver a no entenderlo. Y, además (Mankell no puede dejarlo), al final se produce un asesinato y dentro de la novela hay una pequeña historia criminal que, en mi opinión, sobra. Todo resulta demasiado construido, la acción no termina de fluir. Pero esto son detalles; para mí el principal problema de la novela es que, a pesar de que trata (demasiado) de evitarlo, al final resulta moralizante y melancólica en exceso (ya se sabe, el discursito del buen salvaje, etc). Nada nuevo bajo el sol.

Conclusión: Mejor permanecer fiel a la serie negra, aquí Mankell es un verdadero maestro. Prescindible.

jueves, 8 de enero de 2009

Lost & (not yet) found

El otro día me crucé con una noticia que despertó mi interés: Los gringos perdieron una bomba de hidrógeno en 1968 en Groenlandia. Uno pensaría que un objeto de tal categoría no se puede perder así como así, como quien pierde las llaves o la cartera, pero estaba equivocado. Más detalles en

Video de la BBC

Más allá de los problemas diplomáticos que surgieron con Dinamarca en la época, lo peor de todo es que el gobierno gringo aseguró que las cuatro bombas del B-52 habían sido destruidas en el accidente, y sólo recientemente (merced a una desclasificación de documentos secretos por antigüedad) se pudo saber que una de las bombas se había caído al agua. Aunque enviaron un submarino al lugar del siniestro, nunca fueron capaces de recuperarla.

Aparte de constituir un argumento fascinante para un escritor tipo Ludlum o Grisham (terroristas organizan una misión submarina y se hacen con la bomba, un agente de la CIA vence los problemas de su familia disfuncional o se impone a su alcoholismo o renuncia a la mujer de su vida y salva al mundo un segundo antes de que la bomba explote), lo que de verdad para los pelos es pensar en lo que esconden los documentos clasificados actuales de la CIA (dictaduras en Latinoamérica, guerras en Kuwait e Irak, y un largo etc) y que tal vez nunca sabremos o recién en 40 años...

sábado, 3 de enero de 2009

Lucubraciones I

Se me ocurre que los individuos se relacionan con el mundo de dos maneras. Existen quienes integran al mundo dentro de sí mismos, y consideran su ego, que todo lo impregna, como lo más importante. Entonces la realidad se convierte en una extensión subjetivada de ellos mismos, un espejo esférico con el azogue hacia el interior, el entorno velado por la proyección de sus propias entrañas. Céntricos.

Por otro lado, hay los que se integran en el mundo. Su vida interior es ligera como una pluma y cambia fácilmente de forma, así que no les resulta difícil disolverse en el continuo del mundo y la vida y dejar entrar todo lo que viene de afuera, algunos sin ninguna censura. Con el tiempo, les resulta imposible distinguir qué pertenece a ellos y qué fue puesto allí por algún otro. Excéntricos.

Ambas actitudes son contrarias y recíprocas, cada persona encaja dentro de un molde o del otro, me resulta difícil imaginar un punto medio. No son buenas ni malas.

Las preguntas son: ¿Elegimos a qué grupo perteneceremos antes de poseer conciencia? ¿Podemos cambiar de grupo en el desarrollo de una vida? ¿Vale la pena hacerlo?

viernes, 2 de enero de 2009

(Des)propósitos de año nuevo

Cada San Silvestre es lo mismo: pasamos revista del año pasado, censuramos todo aquello que no nos gusta de nosotros y nos comprometemos a cambiar. Bajar de peso, dejar de fumar, no poner más cuernos a la pareja, ganar más dinero, reactivar el blog... (Qué raro, casi siempre se trata de cambios difíciles de llevar a cabo, que implican voluntad y disciplina y a veces fustigación, vencer adicciones, nadie se propone dejar de prestarle atención a la báscula y comer lo que le apetezca sin sentirse culpable, por ejemplo, o ser feliz con menos cosas, o finalmente aceptarnos como somos y querernos a pesar de nuestras debilidades). Nos esforzamos por convertirnos en mejores personas ante nuestros propios ojos. En las noticias dijeron que sólo el 12 % logra cumplir con sus propósitos (¿cómo lo habrán averiguado?), y que la gran mayoría vuelve a caer en los antiguos hábitos a las dos semanas (es decir, más o menos el 15 de enero). O sea, que el 88 % se volverá a plantear los mismos propósitos al cabo de un año, para volver a fracasar, y así sucesivamente. Qué triste. Tendríamos más éxito si no nos esforzáramos tanto en parecernos a una idea que vaya usted a saber quién la creó y nos limitáramos a vivir y a disfrutar, cada uno como pueda.
Así que (propósito de año nuevo) aquí estoy reactivando el blog después de más de un año sin actividad. Eliminé el aspecto anterior por considerarlo vetusto y añadí una atractiva imagen. Ahora falta ver qué sucederá después del 15 de enero...

domingo, 7 de octubre de 2007

Indiosincrasias (Parte 1)

Criticar la idiocia de la que hace gala un enorme porcentaje de la población del país gorbenado por el cowboy (rednecks, hicks o hillbillies) es una práctica habitual entre la clase social más o menos educada y privilegiada en la que me tocó nacer y crecer. Nos encanta regodearnos con anécdotas que ponen de manifiesto su profunda ignorancia, su manifiesto desconocimiento de los temas más básicos de la cultura general, etc, y siempre termina uno preguntándose cómo es posible que los ciudadanos del país supuestamente más avanzado del mundo sean tal manga de iletrados y qué clase de educación mediocre tendrán. Pero antes de escupir en el ojo ajeno deberíamos vernos en el espejo.
Porque en el país del Arauca vibrador abundan personajes que baten todos los récords en el tema que se trata. Voy a poner dos ejemplos recientes que supongo los incitarán a la risa, y ni siquiera voy a entrar en faltas de cultura general , estas son faltas de sentido común rayanas en el surrealismo:
1. El gobierno Bolivariano quiere o quería retrasar en media hora la medición del tiempo, para estimular el biorritmo de los venezolanos y de ese modo incrementar su productividad o para que los niños se levantaran con el sol y no en las tinieblas de las seis de la mañana antes de que llegara el autobús o sencillamente para que el reloj de su presi y el de Luzbel no marcaran la misma hora, para que la Patria y el Imperio no tuvieran que ocupar el mismo huso horario (algo así como el andén 9 3/4 para tomar el tren de Hogwarts), eso da igual, lo importante es que ya oí a varias personas decir que la decisión era extraordinaria, pues permitiría a todos los venezolanos dormir media hora más todos los días. Claro, esta gente cree que, de modo exclusivo para ellos, el día tendrá 24 horas y media de duración, una variación astronómica que afectaría la duración de una revolución sobre el sol a sólo un país, todo por decreto presidencial.
2. Ya llega el temido Bolívar fuerte, y aunque dividir por mil parece la cosa más sencilla del mundo, el asunto tiene sus bemoles. Confiados después de oír por enésima vez aquello de que "ahora tu bolívar vale más", varias personas (esto lo viví en primera persona) me comentaron lo positiva que resultaba esta medida, pues ahora estarían más desahogadas económicamente. Un ejemplar (vestía corbata y flux o flus, parecía un chupatintas cualquiera, pasaba por educación media como mínimo) incluso me llegó a decir:
- Fíjese maestro, este café vale dos mil bolívares, y a partir de enero sólo valdrá dos. ¡Esa ya es otra vaina!
- ¿Y cuánto es tu sueldo? - le pregunté yo.
- Millón y pico al mes.
- ¿No has pensado que entonces tú a partir de enero sólo ganarás mil y pico al mes? - le dije yo con una suave inquina.
No, no lo había pensado. La profunda expresión de desamparo que se dibujó en su rostro me revelaba que hasta ese momento sólo había dividido por mil los precios de las cosas, nunca su sueldo. El pobre creía que de golpe y porrazo le iban a subir el sueldo mil veces, que por fin iba a darse la gran vida con la miseria que le ingresaban mensualmente. ¡Además de la media hora adicional para dormir! Bebió su café de dos mil bolívares blandos en silencio y se fue por donde vino sin volver a abrir la boca...
Ejemplos como estos los hay por milllares. No hay quien nos gane en cuanto a candidez y wishful thinking. Pero igual las misiones ponen punto final a estas desaveniencias y podemos seguir burlándonos de los gringos con la conciencia tranquila.

jueves, 7 de junio de 2007

El sueño de Andy Warhol (parte 1)

Waldo no sabía lo que se le venía encima

El 11 de septiembre de 2001, a Péter Guzli, un húngaro de 25 años, se le ocurre una idea traviesa: escanea una fotografía que lo muestra a él con un gorro, lentes de sol y una mochila sobre la terraza del WTC (la había tomado en NY en noviembre de 1997) y photoshop mediante le añade la imagen de un Boeing 757, que parece estar a punto de estrellarse contra la torre. Satisfecho con el resultado, le envía la imagen a algunos amigos suyos para que se diviertan. A los pocos días, multitud de páginas web muestran la foto acompañada de un texto según el cual ésta procede de una cámara encontrada en los restos de las torres gemelas. Bromistas de todo el mundo continúan retocando la foto, y cambian el avión por innumerables motivos (King-Kong, naves de la guerra de las galaxias, el avión de ¿Dónde está el piloto?, superman rescatando el WTC, el trasbordador espacial, el ojo de Sauron, el tipo que sostiene un supuesto gato gigante, etc) o sitúan a Péter - quien pasó a ser denominado tourist guy, WTC guy o Waldo - en todo tipo de parodias de situaciones catastróficas (el asesinato de Kennedy, el Hindenburg, el Titanic, Hiroshima, el Challenger, el Concorde, etc) o junto a personajes reales o ficticios que hayan estado relacionados con alguna (Stalin, Hitler, Darth Vader, Homer Simpson, o más cerca de nuestras latitudes, Elián González o Hugo Chávez). Medio mundo se divertía a costa de Waldo (y supongo que todavía quedará algún incauto por ahí que siga creyendo que la foto original era auténtica). En eso, José Roberto Penteado, un negociante brasileño, saltó a la luz pública al afirmar que él era el tourist guy, y que alguien lo había photoshopeado sin su autorización. Sin duda, la cara del brasileño resultaba muy parecida a la de Waldo. Los periódicos en todo el mundo publicaron la foto y la historia de Penteado, incluso la Volkswagen de Brasil le ofreció un contrato para rodar un comercial de televisión. A todas estas, Péter, que había permanecido en el anonimato hasta el momento, no lo pudo soportar más: cuando se dio cuenta de que había alguien intentando usurpar su identidad, se dirigió a los medios y aportó pruebas convincentes de que él era el WTC guy: las fotos auténticas y sin retocar que lo muestran a él sobre las torres gemelas. A pesar de la renuencia de Péter por obtener notoriedad, ha recibido algún beneficio económico como resultado de su broma.
Mas infos:
http://www.snopes2.com/rumors/crash.htm
http://www.touristofdeath.com/gallery/main.php

jueves, 31 de mayo de 2007

El chico de los rizos rojizos (cuento)

a Franziska
Después de una larga depresión, de demasiadas horas extra en el trabajo, de tener que soportar a la hija de puta de mi jefa, de una cita con un tío que resultó ser un mierda y me tuvo jodida como por dos semanas... El sol vuelve a salir y no sólo en mi cabeza, por fin llegó la primavera.
Ayer en el tren veía el cielo y recordaba momentos que me parecieron hermosos, en los que me sentía en armonía con el mundo, y me di cuenta de que había olvidado uno a pesar de lo mucho que significaba.
Escenario: Estoy de visita en Madrid y al llegar veo anunciada una fiesta temática en Fabrik – los superhéroes más potentes de la galaxia DJ acuden a la llamada de Goa. Jordi y Nuria (mis exiliados amigos en la capital) me acompañan. La entrada vale un pastón, pero de algún modo consigo colarme sin pagar. Vodka, drogas, salimos a bailar, en algún momento le regalo mi camiseta a un tío que me dice que huelo bien y me quedo en sujetador, luces estroboscópicas, sudor, más drogas, todavía más alcohol y yo sólo puedo reír, mi vida me parece genial, conozco gente de puta madre y hablo hasta por los codos. Después de girar durante horas se aparece ÉL. Cuando estamos juntos el tiempo parece haberse detenido (pero no me engaño, es el XTC que empieza a hacer efecto), de cualquier manera me dice que le recuerdo a una actriz de su película favorita. Bailamos un rato y luego me dice adiós y se va, pero no puedo dejarlo ir y hago lo que nunca hago: corro detrás de él y le pregunto su número de móvil. Parece contento, se viene conmigo al bar, me escribe su número en un apoyavasos y me pregunta si no quiere que nos veamos más tarde. Le digo que sí y él dice joder, vente conmigo ya. Antes de salir de la disco nos besamos como locos hasta caernos al suelo, estoy excitada, en el taxi le escribo un SMS a Nuria, el taxista no aparta su mirada de mis tetas pero me da igual. Llegamos a su piso y me parece que lo conozco hace años, que estamos enamorados. Hablamos de cosas locas, de cosas de las que no hablaría con nadie, teorías de conspiraciones, universos paralelos, zonas de tiempo, mi pasión por la música... Vive solo, su piso es enorme y fantástico, por todos lados hay instrumentos musicales, CDs, cosas para la academia de bellas artes, lienzos enormes con manchas raras y maravillosas, un póster psicodélico que dice If the doors of perception were cleansed, every thing would appear to man as it is: infinite. Bebemos cerveza y me da frío, me presta un jersey y me dice que es increíble que estés aquí y nos la pasemos tan bien y tengas puesto mi jersey. Nos acostamos sobre la alfombra, oímos Oasis y nos sentimos como adolescentes, como de 16, y es asombroso. Finalmente vamos a su cuarto, pronto comenzará a clarear, más instrumentos musicales, nos acostamos en la cama y nos dormimos abrazados. Ninguno quiere sexo, no tan rápido. Dos almas que encontraron consuelo, cercanía, un poquito de amor… Sobre su cama otro póster, esta vez de los Beatles. Antes de dormirnos me cuenta cosas sobre su vida, y es como si leyera historias de un libro. Me despierto y encuentro una taza de té y una nota. Voy a la cocina, cocinamos juntos, fumamos marihuana, comemos, bebemos más cerveza y oímos más música, es increíble lo bien que podemos hablar, nos entendemos tan profundamente, sintonizamos, como si nos conociéramos hace una eternidad. Cuando anochece me dice que tiene que salir, quedó con unos colegas, yo me voy a casa de Nuria y le cuento que ha sido una de las noches más bonitas de mi vida. Después sólo nos volvimos a ver una vez, ya no era igual, no volvimos a conectar, nada encajaba, pero no pasa nada, queda el recuerdo de la otra noche… ¿Cómo pude olvidarla hasta ahora? En el viaje de vuelta a Barcelona me había jurado que siempre recordaría mi noche junto con el chico de los rizos rojizos, para mitigar los malos momentos en el futuro con su luz.

sábado, 26 de mayo de 2007

Delirious (crítica)


¿Jugador o peón?

La amistad y las pruebas que ella conlleva, el amor romántico perfecto que nunca existe y siempre anhelamos, la importancia de perseguir los sueños, la intimidad de las personas y sus límites, el reconocimiento de los padres y qué hacer cuando éste no llega son los temas de la película Delirious (Tom DiCillo, 2006). La historia describe la relación entre Les, un paparazzi lleno de complejos con grandes ambiciones (Steve Buscemi, genial como de costumbre en su papel de looser) y Toby, un sin techo guapo, manitas y aspirante a estrella (Michael Pitt, que también hace una buena actuación como adolescente un poco ausente, no sabemos nunca si es que el chico es lelo, cínico o sencillamente un trepa de cuidado). Les se compadece del chico, le ofrece cobijo y un empleo dudoso con una remuneración muy discutible, y así se entabla una especie de relación maestro-discípulo (muy bien llevada en la película) en la que ambos aprenden lecciones del otro, a veces de la manera más ruda. Toby está fatalmente enamorado de K’Harma (la intención del nombre es tan evidente que sobra ahondar en el tema), una guapa estrellita de la farándula que canta, compone, lleva una línea de perfumes y cuya vida privada aparece en todas las revistillas del corazón (¡cualquier semejanza con Britney o Christina es puramente casual!), interpretada por Alison Lohman. Por azares del destino (tal vez demasiado excesivos), K’Harma conoce a Toby y también se enamora de él, un hecho que trastorna la relación con Les. Finalmente, el amor entre Toby y K’Harma será el aspecto con mayor peso en la película, y es de lamentar, porque el humor, la ironía y los matices que caracterizaban la primera parte se esfuman para dar paso a un sueño adolescente y edulcorado que no ofrece mayor interés, con un Grand Finale operático (parece una rendición, un abandono de la línea inicial) sobre una alfombra roja entre flashes de paparazzis. Con el fin de añadir más interés, DiCillo agrega un argumento paralelo con el carácter de Les que en mi opinión resulta fatal, pues no resulta creíble y termina por empañar la línea argumental que hasta ese momento funcionaba bien en el film. Aunque la historia arroja muchos puntos interesantes, la actuación de Buscemi es divertida y convincente, no se abusa nunca de la moralina y al final Les y Toby completan su evolución de modo satisfactorio, pienso que globalmente la película fracasa al sucumbir ante el melodrama, dejando de lado lo que había sabido construir hasta el momento.
LO MEJOR: La celebración del cumpleaños de K'Harma, ocasión en la que Les tiene la oportunidad de ver en directo a Elvis Costello. El fotógrafo había capturado dos instantáneas del músico sin su sempiterno sombrero, y esas fotos habían sido lo más cerca que Les había conseguido llegar a su ideal de un fotógrafo de calidad. Ante su ídolo, Les, que dividía al mundo en los Jugadores y los Peones (él por supuesto pertenecía al primer grupo) se queda sin habla, y después de un patético ataque de nervios en el baño, regresa a la fiesta a ocupar su verdadero lugar en el mundo: detrás de la cámara, condenado a la separación del mundo de los jugadores y pudiendo llegar a él sólo a través del objetivo.
LO PEOR: El previsible final de cuento de hadas.
RECOMENDACIÓN: Verla en DVD o esperar a que la den en la tele.

miércoles, 23 de mayo de 2007

Declaración

Mi mayor problema al sentarme a escribir es la idea continua de que lo que escribo debe soportar indemne el paso de los años, debe ser eterno. De alguna manera se ha sembrado en mí una feroz autocrítica que desmenuza o destruye cualquier intento de fijar por medio de palabras alguna de mis visiones personales del mundo o las historias que quiero contar. Entonces siento el clásico y terrible pavor ante la hoja vacía, dudo entre millones de peripecias cada vez que me propongo escribir incluso la palabra más diminuta y al final resulto vencido por el tremendo esfuerzo y me entrego a cualquier actividad intrascendente que me permita evadirme. Sin embargo, el deseo de escribir permanece en mí. Por lo general suelo convencerme de que lo que ocurre es que todavía no he alcanzado la madurez suficiente para generar las obras maestras con las que sueño, y entonces me dedico a leer las obras maestras que otros han escrito y que yo admiro/envidio, esperando con paciencia que algún día reciba la iluminación de la inspiración como un regalo de Dios. Creo que la afición a la lectura es uno de los aspectos más importantes del oficio de escribir, pero no la simple lectura, sino la lectura productiva, es decir, una lectura completamente orientada a la escritura, con un cierto sistema, buscando encontrar las intenciones y técnicas y trucos y embelecos de los autores, comparando, manteniendo una distancia crítica y analítica al mismo tiempo que identificándome con cada personaje, relacionando lo que se lee con las circunstancias históricas, las corrientes literarias, etc. Pero sólo leyendo no se escribe.
No me canso de repetir a quien lo quiera escuchar que una de las confusiones más graves del ser humano es la de vivir como si fuera inmortal. Aristóteles, en su clasificación de los géneros teatrales, coloca a la tragedia en el sitial más alto, debido a que su trama trata de dioses, mientras que a la comedia corresponde el sitial más vulgar, pues sus personajes son simples seres humanos. Los dioses, al ser inmortales, están condenados a la gravedad de lo pesado, al eterno retorno nietzscheano, mientras que los humanos, cuya existencia es leve y efímera, pueden darse el lujo de equivocarse, reírse, tomarse la vida a la ligera, pues sus actos no tienen consecuencias definitivas. Por supuesto que en cada ser humano también hay algo de divino, un alma inmortal (o como cada quien quiera definirlo), que será la depositaria de lo que podamos aprender en esta vida y lo empleará en las próximas, pero nuestro ego más terreno apenas si alcanza el nivel de personaje picaresco. Precisamente esa existencia terrena finita y ligera es lo que más se tiende a olvidar, pues lleva implícita la muerte, el más grande tabú de nuestra cultura, lo que más miedo nos ocasiona. Al esconder u olvidar que somos mortales, que nuestros días lentamente se acaban, pensamos entonces que no moriremos nunca, que somos dioses, y entonces la vida adquiere ese carácter trágico que suele acompañarla en tantos y tantos casos. Ya no vivo mi vida como si fuera inmortal, me identifico más con El Buscón o con el Lazarillo que con, digamos, Werther. Pero cuando me siento a escribir es otra cosa, una voz en mi interior me dice que si voy a escribir es para ser un clásico, para transformar la literatura, para revolucionar la estética, para convertirme en una estrella. ¿Acaso me creo un dios eterno? ¿Soy así de arrogante?
Creo que en este instante lo más importante para mí es aprender a escribir para el día a día con humildad. Cuentos, poemas, novelas que describan quién soy yo hoy. Si han de perdurar, será cuestión de suerte, esta cuestión no debe perturbar el flujo de la escritura. No sé si tengo el talento para ser un clásico, ¿y a quién coño le importa? Sólo el hecho de escribir justifica lo que se escriba, sin importar el contenido, pues representa mi sentir personal y mi existencia como documentador de mi tiempo y mi época, del mismo modo en que millones de granos de arena diminutos forman una playa. La esencia de una época no sólo reside en sus obras maestras, también (y quizá con mayor intensidad inclusive) en las triviales. No sé a qué género pertenecerán las mías, y a partir de hoy tampoco deberá importarme. La búsqueda de la perfección es señal inequívoca de una mente presa de alguna quimera.